ESPANOL- Tune Up de Comunicacion

imprrh@gmail.com —  December 9, 2012

Capítulo 2

El segundo enemigo

La comunicación deficiente

¿Problemas? Cada familia los tiene. Cuando llegan, lo primero que buscamos es la paz para que se acaben rápido.  Pero la paz en el hogar no se define como “ausencia de problemas”. Si estás esperando el día cuando ya no haya más problemas en tu hogar, lamento decepcionarte.  Ese día nunca llegará.  La razón es que somos diferentes.  Venimos de diversas familias y culturas; distintos sexos, extrañas costumbres y maneras de ver la vida. 

Hay un libro muy conocido, que habla de las diferencias entre el hombre y la mujer: Los Hombres son de Marte, las Mujeres de Venus. Interesante título, ¿verdad? Y considerando el hecho de que somos diferentes, es posible que alguien se haya visto tentado/a  a escribir otro libro: Los hombres son marcianos y las mujeres lunáticas.  Pienso que nadie se lo publicaría. 

La realidad es que debido a la dificultad para comunicarnos a veces pareciera que procedemos de distintos planetas.  La manera como resolvemos los conflictos en el hogar expone claramente nuestras diferencias. Éste es uno de mis capítulos favoritos, y está dividido en dos partes:

1.      Maneras equivocadas de resolver conflictos

2.      Consejos bíblicos para una mejor  comunicación

 

1. Maneras equivocadas de resolver conflictos

Los factores que comúnmente consideramos al resolver nuestros problemas y conflictos son:

·         Nuestra enseñanza: Lo que vimos y oímos en el hogar cuando éramos niños

·         Nuestra personalidad: La manera en que fuimos criados

·         Nuestras experiencias personales: Eventos significativos en nuestra vida

Hay varias maneras incorrectas de resolver conflictos.  A continuación, presentamos una lista general.  Es muy probable que te identifiques con alguna de ellas.

 

a. El esquimal. Los esquimales viven en Alaska y otras tierras árticas, entre el frío, la nieve y el hielo. De la misma manera, el “cónyuge esquimal” resuelve sus conflictos personales con un frío físico y emocional. La forma de proceder ante el problema es no hablarle a su pareja.  Algunas personas me han comentado: “Pastor, no le he hablado a mi esposa  desde hace dos semanas”, a lo cual yo respondo: “¿Qué quiere usted ganar con eso? ¿Un premio? ¿Un Oscar o un Grammy?” 

Los cónyuges esquimales piensan, que si no se habla de lo ocurrido con su pareja, las cosas se arreglarán por sí solas; y peor aún, que con eso la están castigando. Ambas estrategias son incorrectas. Sus frases favoritas son: “No me toques”. “No tengo nada que hablar contigo”. Ellos trazan una línea imaginaria en la cama y dicen: “Ése es tu lado y éste es el mío.   no pases para acá ni yo pasaré para allá”. 

El mayor problema de la persona que está casada con un cónyuge esquimal, es que nadie puede leer la mente. Al cónyuge esquimal se le hace difícil expresar lo que siente.  Cuando esto sucede, la comunicación se dificulta, pues la pareja tiene que imaginarse o tratar de adivinar lo que pudiera estar pasando por la mente de la otra persona y, por consiguiente, sus esfuerzos por resolver el problema (que aún no está bien definido) serían infructuosos.  Esta es una manera incorrecta de resolver conflictos. Tu pareja no puede saber cómo te sientes si no se lo dices. 

No existe nada más frustrante en el matrimonio, que te demuestren que algo está mal, sin que te lo digan. Si eres un cónyuge esquimal, por el amor de Dios, ¡habla!, ¡comunícate!   Quizás se te haga difícil al principio, pero con el tiempo, vas a ver cómo la comunicación en tu hogar se restablece.

b. El avestruz. Este cónyuge es parecido al esquimal, ya que, no comenta sus problemas,  pero sus reacciones van más allá. Cuando el “cónyuge avestruz” tiene problemas, se esconde detrás de algo o de alguien para no tener que enfrentar su enigma. Mete su cabeza en “un hueco” para escapar.  A veces, ese “hueco” suele ser el alcohol o las drogas, pero no se limita solo a eso. En ocasiones, “el hueco” puede representar exceso de trabajo, demasiado tiempo en salidas con amigos, o una excesiva atención a las responsabilidades en la iglesia.  

Tratar de ignorar los problemas no es una buena manera de resolverlos. Por más que metas la cabeza en un hueco, como suele hacer el avestruz, la situación que te agobia no se pondrá mejor. Un problema sin atender no es un problema resuelto. Dicho de otra manera: Un problema desatendido es un problema en crecimiento. Pretender que los problemas no existen no los hace desaparecer; en cambio, en la mayoría de los casos, se multiplican. 

Esto se ilustra mejor con una historia que escuché hace mucho tiempo. Oscar tenía muchos problemas en su hogar. Su suegra lo acosaba, su esposa le daba órdenes constantemente, sus hijos no lo respetaban, y hasta su perro lo ignoraba.  Así que decidió irse a la cantina a tratar de olvidar sus penas.  Cuando llegó a su “hueco de escape”, en la entrada se encontró con Pedro, un gran amigo de la infancia, quien curiosamente, le preguntó:

¿Qué te trae por aquí, amigo?

Vengo a ahogar mis penas en el alcohol —contestó Oscar.

Y eso fue lo que trató de hacer.  Durante las siguientes cuatro horas, Oscar bebió de todo: whisky, Don Q, Budweiser y Corona con tequila. Cuando estuvo ya borracho y tambaleante, y se disponía a salir rumbo a su casa, en la puerta de la cantina vio recostado a Pedro, quien osadamente le preguntó:

¿Pudiste ahogar tus penas, Oscar?

Casi sin poder hablar por la borrachera, Oscar le contestó:

Si supieras, Pedro, que las muy malvadas aprendieron a nadar.

Así sucede con nosotros. No podemos resolver los problemas tratando de ignorarlos, y menos huir de ellos. Hay que enfrentarlos con mucha oración y esfuerzo,  y la ayuda vendrá de Jehová.   

c. El pistolero. Esta manera de resolver conflictos es contraria a la del “esquimal” y el “avestruz”.  Si estos casi no platican, “el pistolero” lo hará por demás. Para él  cada problema es una batalla campal.  Todo conflicto es atacado con proyectiles en forma de palabras.  El pistolero o la pistolera (ambos sexos disparan igual), usan las palabras para herir. Cada discusión se vuelve más acalorada, y toda situación difícil es una crisis en la que no se puede hablar sin insultar. Son muy usuales las frases como: “¡Me arrepiento de haberme casado contigo!” “¡Maldigo el día en que te conocí!” Ante tales expresiones, algunas personas me han dicho: “Hubiese preferido que mi esposo/a me pegara, antes de herirme con lo que me dijo”.

Las palabras tienen un poder asombroso, ya sea para bien o para mal.  Pueden hacer sentir a una persona como si estuviera en el mismo cielo, o experimentar el ardor y el calor sofocante del infierno. El cónyuge pistolero habla primero y piensa después. Sus frases más comunes son: “¡Si no te gusta, ahí está la puerta!  ¡Vete!”. “¡Si no te gusta como soy, me voy!”. “¿Por qué no te vas, y me dejas tranquilo?” Se oye patético, ¿verdad? Yo prefiero aplicar a mi vida algo diferente: “Hablaré palabras dulces, en caso de que me las tenga que comer.” 

Dios nos dio dos oídos y una sola lengua.  Eso quiere decir que debemos oír el doble de lo que hablamos. ¡Usa tus palabras para construir, para animar, para elevar la estima propia de tu pareja!  Recuerda: “Nunca nadie se arrepintió de algo incorrecto que no haya dicho.”

d. El boxeador. Este cónyuge recurre a la violencia física para expresar su frustración.  Por lo general, los conflictos terminan en agresión: puñetazos, cachetadas, arañazos, empujones y cosas parecidas. Después viene el arrepentimiento, y la tristeza por lo sucedido, acompañado de promesas de que nunca sucederá otra vez. Pero esas promesas son como sogas de arena; no sirven para nada. El próximo conflicto hará que regresen al ring, y el círculo vicioso de agresión–tristeza–promesa–conflicto, continuará. El cónyuge agresivo no ha madurado, y no ha aprendido a expresar sus sentimientos de manera constructiva.  Si eres la persona que sufre la agresión, ¡rompe el círculo de violencia hoy mismo! ¡Busca ayuda y deja de vivir con miedo!

e. El arqueólogo. El afán de los arqueólogos es excavar el pasado y ayudarnos a nunca olvidarlo. Hay quienes hacen lo mismo en el hogar. Escarban constantemente el pasado, reabren antiguas heridas. No pierden la oportunidad de recordarle a su pareja, lo que en algún momento hicieron mal. “¿Te acuerdas?”, es su frase favorita. Si constantemente estamos recordando el pasado, eso no nos permitirá resolver los problemas del presente.  Dejemos que los arqueólogos se dediquen a excavar en el pasado.  Su matrimonio nunca va a llegar al ideal que Dios tiene para ustedes, si no son capaces de perdonar y olvidar. ¿Cómo podemos hacerlo?  Recordemos lo siguiente:

        El perdonar no es un sentimiento, es una decisión. Si esperas sentir el deseo de perdonar, probablemente nunca lo sentirás.

        Propónganse esta meta: ¡Nunca hablar del pasado!  No es fácil para quienes están acostumbrados a hacerlo, pero es necesario. 

       Concéntrense en el presente.  Los problemas de hoy, se resuelven hoy; los de mañana, déjenlos para mañana; y lo que pasó, olvídenlo. Ya no se puede dar marcha atrás.

Yo veo las situaciones de esta manera: De cada diez conflictos que tú crees que vas a tener, cinco de ellos nunca llegan; dos de ellos, no serán tan difíciles como creías.  Otros dos, los podrías solucionar si te esforzaras de verdad, y uno de ellos, por más que te esfuerces, no podrás solucionarlo. Así que, ¿para qué te preocupas?

 

2. Consejos bíblicos acerca de la comunicación

A continuación, estudiaremos cuatro consejos prácticos para lograr una buena comunicación en pareja.  Los hemos extraído de la Biblia, pues creemos firmemente, que si tomamos como base la Palabra de Dios, estaremos construyendo sobre un firme fundamento.

a.  No interrumpas. Deja que la otra persona termine de hablar. “Es necio y vergonzoso  responder antes de escuchar” (Proverbios 18:13, NVI). No hay nada más frustrante para el hablante, el que le interrumpan constantemente.  El que interrumpe con frecuencia a su pareja, le está enviando el siguiente mensaje: “Lo que me estás diciendo no es importante para mí”. Resiste la tentación de hablar antes que tu pareja haya terminado. Probablemente estés pensando: Pastor, eso es imposible con mi pareja. Si le permito que comience a hablar, nunca va a terminar. Mi consejo, si ésta fuese la situación es el siguiente: De ser necesario, anota en un papel los puntos relevantes por tratar, pero evita a toda costa interrumpir o defenderte ¡Trátalo! ¡No dejes de intentarlo! Los resultados pueden sorprenderle.

b.  ¡Hablen la verdad siempre, sin exagerar!Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios, y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador” (Colosenses 3:9, 10, NVI).

Frases como: “tú siempre” o “tú nunca”, son exageraciones, por lo tanto, son mentiras.   Deben ser eliminadas de nuestro vocabulario y nuncamás deben ser dichas.  Cuando utilizas esas expresiones, inmediatamente provocas en tu pareja una reacción defensiva, ya que no dicen la verdad. Lo que sucede, es que no te estás concentrando en el problema, antes bien, estás restándole atención a tu pareja para tratar de probar que tu teoría es cierta.

 

3. Di: “Yo siento que…” en vez de “tú eres…”

Otra frase que no es productiva para la comunicación es la expresión “Tú eres”.  Cuando la usamos, creamos un efecto parecido a lo que hablábamos en el segmento anterior. Esta expresión: “Tú eres”, trae un tono acusatorio, e inmediatamente hace reaccionar negativamente a la otra persona, quien trata de defenderse ante un ataque “supuestamente” no provocado.  Tus intenciones pueden ser buenas, pero precisamente, cositas pequeñas como éstas son las que descarrilan el tren de la comunicación dentro del matrimonio. 

 

 

4.  El objetivo es el progreso, no la perfección

“Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes, la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6). “Roma no se construyó en un día”, dice un antiguo dicho. De igual manera, no puedes esperar que en tu matrimonio se observen cambios en tan corto tiempo. Una de las cosas que trae frustración al matrimonio, son las expectativas de “perfección” o “cambio total”, de parte de uno o de ambos cónyuges. Usualmente, el proceso ocurre de la siguiente manera: Los cónyuges perciben que hay problemas entre ellos, pues aquello que esperaban obtener no se ha hecho realidad aún. Esto les motiva a buscar consejería. Inmediatamente experimentan cambios, y ambos esperan que los conflictos se resuelvan en corto tiempo. Todos sabemos que eso no es lo que ocurre.  En el momento en que las cosas no salieron como ellos querían, o peor aún, cuando los problemas anteriores vuelven a surgir, abandonan todo el proceso, y exclaman: “Yo sabía que no iba a funcionar”, o afirman: “Éste, nunca va a cambiar”. “Siempre será igual.”

¿Sabes por qué sucede esto?  Porque las expectativas de cada uno se concentraron en la “perfección” y no en el “progreso”.  Pregúntate lo siguiente: En el pasado mes, ¿ha habido alguna mejoría en mi relación matrimonial (aunque fuese pequeña) en comparación con el mes anterior? Si la respuesta es afirmativa, alégrate, da tres brincos y alaba a Dios. Y poco a poco, día a día, semana tras semana, irás viendo cómo el Señor va haciendo su obra en tu hogar. No te impacientes ni desesperes. Sobre todo, ¡nunca te des por vencido! Dios no ha permitido que llegues hasta aquí para dejarte fallar.

Termino este capítulo, con una historia que ilustra la importancia de una buena comunicación.  Cuando mi esposa y yo nos conocimos, no fue amor a primera vista.  Ella dice que cuando mi amigo José Cortes, hijo, nos presentó, ella pensó: ¿Quién es este viejo feo, peludo y barbudo? Pienso que en ese tiempo Kathy tenía serios problemas con la vista. La segunda vez que me vio, ya me había cortado el cabello, me había rasurado y tomado un buen baño.  Era lo que me faltaba para verme más guapo, pues según ella, quedó impresionada conmigo cuando aquel viernes por la noche me senté a su lado en la iglesia. 

Iniciamos una amistad muy bonita y en algún momento comencé a experimentar una fuerte atracción hacia ella. Yo no sabía cómo decirle lo que sentía, pero aprovechando que me encontraba en mi práctica pastoral, decidí expresarle mi amor a través de una “parábola”  (A Jesús le funcionaron, ¿por qué no a mí?). Así que, justo antes de que se fuera a dormir, le dije: – “Kathy, tú para mí eres como una piedrita en mi zapato”. Mi intención fue buena. Quería decirle que ella siempre estaría conmigo en mis pensamientos dondequiera que yo fuese. Si crees que entendió otra cosa, ¡acertaste! ¡Kathy no entendió mi parábola! Había interpretado que ella era una molestia para mí, y se retiró a su cuarto desconsolada. Un tiempo después, su compañera se comunicó conmigo para preguntarme qué fue lo que yo le había dicho a Kathy que la había puesto tan mal. Después de compartirle a su amiga mi “parábola”, creo que tampoco me entendió. Finalmente, decidí decirle claramente a Kathy todo lo que sentía hacia ella, y a su vez, ella también expresó sus afectos hacia mí. 

¿Por qué tenemos que hacer tan complicada la comunicación entre hombre y mujer? ¡No tiene que ser así! ¿Cuál es la moraleja de esta historia? “Deja las parábolas a los teólogos y cuando hables con tu pareja, sé conciso, claro y al punto”. ¡Que Dios te dé la capacidad de comunicarte bien!

Tune-up matrimonial

Pensamiento para atesorar:

“De cada diez conflictos que tú crees que vas a tener,cinco de ellos nunca llegan; dos de ellos, no serán tan difíciles como creías.  Otros dos, los podrías solucionar si te esforzaras de verdad, y uno de ellos, por más que te esfuerces, no podrás solucionarlo”. Así que, ¿para qué te preocupas? 

Preguntas para considerar:

1.  ¿Qué sistema usaban mis padres para resolver sus problemas? 

            ¨ Esquimal

            ¨ Avestruz

            ¨ Pistolero

¨ Boxeador

            ¨ Arqueólogo

 

2. ¿Cómo resuelvo mis problemas con mi pareja?

            ¨ Esquimal

            ¨ Avestruz

            ¨ Pistolero

¨ Boxeador

            ¨ Arqueólogo

 

3.  ¿Qué área de la comunicación debo mejorar?

            ¨ Interrumpir

            ¨ Exagerar (siempre, nunca)

            ¨ Acusar

            ¨ Paciencia

 

Promesa para recordar:

Filipenses 1:6 “Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes, la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús”.

 

Propuesta para lograr:

Me propongo, por la gracia de Dios, mejorar la manera como resuelvo los conflictos. Para lograr ese objetivo voy a pedirle a Dios que me cambie a mí primero. 

 

Comienza en este momento haciendo el siguiente ejercicio junto con tu pareja:       

Usa el método sandwich. 

1.      Escribe algo positivo de tu pareja:_________________________________________

2.      Escribe algo en que puede mejorar:________________________________________

3.      Escribe otro rasgo positivo:_______________________________________________

imprrh@gmail.com

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